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CAPITULO 02: PRÍCIPE AZUL

La presencia del alfa Lison desvió toda la atención hacia él. Las indicaciones de la encargada quedaron relegadas a simples murmullos que, especialmente las omegas, no estaban interesadas en escuchar.

—Camila Usuri, acérquese, por favor.

Camila estaba perdida en sus pensamientos, imaginando su futuro junto al gran prospecto de alfa que tenía frente a ella.

—¡Camila Usuri! —repitió la encargada con un tono más fuerte.

Al no obtener respuesta, continuó:

—La omega Usuri no se encuentra presente.

—¡Camila! —gritó Eduardo cerca de su oído.

—¿Qué haces? ¿Por qué gritas tan cerca? —respondió Camila mientras se sobaba la oreja.

—¿Cómo que por qué? Te están llamando.

Él señaló hacia el frente y Camila reaccionó de inmediato.

—Señorita, deje de soñar y despierte. ¿Usted es la omega Usuri?

—Sí... —respondió con evidente vergüenza. Su aroma la delataba por completo.

—Ha sido asignada como encargada de recoger los reportes de cada coordinador de grupo. Así que deje de soñar despierta y rellene este documento para que pueda comenzar sus actividades con su equipo.

—Sí, señorita. Disculpe.

La vergüenza la estaba consumiendo. Nunca en su vida le había ocurrido algo así y estaba segura de que volvería a distraerse soñando muchas más veces de las que le gustaría admitir.

—Adelante.

Camila tomó el documento y comenzó a llenarlo. Una vez terminó, se reunió con su equipo, que ya estaba recibiendo las indicaciones del alfa Lison.

—¿Qué te pasó? —preguntó una de las omegas—. Estabas completamente perdida. Seguro ya estabas imaginando tu noche de bodas con el guapísimo de nuestro supervisor.

Camila se sonrojó, pero no lo negó. Tampoco podía hacerlo; el ligero cambio en su aroma empezaba a delatarla.

Al final, solo soltó una pequeña risa.

—No te culpo —comentó Sofía—. Hasta yo lo encuentro muy... atractivo.

—Oye... —la reprendió su alfa.

Los demás no pudieron evitar reír.

—Chicas, por favor, presten atención. No quiero preguntas innecesarias después —intervino el supervisor con un tono serio.

Intentaba recuperar el control del grupo, pero mientras siguieran distraídas sería imposible. Y, para su mala suerte, su advertencia no surtió mucho efecto.

—No puede culparnos si usted mismo nos desconcentra —respondió Linda, una omega conocida por ser coqueta y siempre sonriente.

—Compórtate... —le susurró Camila.

—Disculpe, señorita...

Linda hizo una breve pausa antes de sonreír con picardía.

—No... no lo disculpo.

Nadie pudo contener la risa. Incluso algunos trabajadores de la empresa que estaban presentes terminaron contagiándose del ambiente relajado.

El alfa Lison, que hasta ese momento se había mantenido serio, también sonrió.

—Señorita, ponga atención, por favor —indicó con diversión.

—Sí, señor —respondió Linda.

—Eres un caso, Linda —comentó Lucas.

—¿Yo? Él es el que está muy lindo.

Todos negaron con la cabeza, evitando volver a reír, y finalmente prestaron atención a las indicaciones.

Después de media hora, todo había quedado acordado y dieron inicio a las actividades.

—Señorita Usuri, al terminar, por favor quédese un momento. Necesito coordinar algunas cosas con usted respecto a los grupos —le dijo el alfa Lison antes de retirarse.

—Sí, señor.

Camila se puso nerviosa, pero al mismo tiempo la emocionaba la idea de poder estar cerca de su amor platónico.

Las actividades terminaron tarde. Todos estaban cansados, pero Camila todavía tenía que reunirse con su supervisor.

Al llegar al lugar donde se encontraba, preguntó:

—¿El señor Lison está?

—Sí. ¿La señorita Usuri, verdad?

—Sí... —respondió con nerviosismo.

—La está esperando. Pase, por favor.

Camila tocó la puerta.

—Pase.

La voz que llegó desde el interior hizo que sus piernas perdieran fuerza por un instante.

—Ya terminamos las actividades, señor. ¿Quería coordinar conmigo respecto a los grupos?

—Primero, no me digas "señor". No soy tan viejo, apenas te llevo unos cuatro años —dijo con una sonrisa.

Aquella sonrisa hizo que Camila se derritiera por dentro. Sin darse cuenta, se mordió ligeramente el labio, un gesto que no pasó desapercibido para el alfa León Lison. Incluso su lobo interior pareció sentirse complacido con aquella reacción.

—Señorita, la encargada de su universidad la asignó para representar a los tres grupos que estarán a mi cargo, o mejor dicho, a cargo de la empresa —explicó sin borrar la sonrisa, claramente satisfecho por la reacción de la omega.

—¿Estaba al tanto de eso?

La verdad era que Camila no tenía idea, pero recordó vagamente lo que la encargada le había mencionado esa mañana.

—Sí... me comentaron algo, pero no me dijeron exactamente qué tendría que hacer.

—Está bien, se lo explicaré.

Lison tomó unos documentos antes de continuar.

—En primer lugar, creará un grupo de W******p únicamente con los coordinadores. Si ellos desean crear un grupo con sus respectivos equipos, eso ya dependerá de cada uno. Yo solo quiero a los coordinadores en ese grupo. Por supuesto, yo también formaré parte de él.

—¿No sería mejor que estuvieran todos? —preguntó Camila con cierta duda.

—No, señorita. Los coordinadores serán los encargados de comunicar a sus respectivos equipos todo lo que se acuerde. Ya he tenido este tipo de experiencia; en los grupos donde están todos hablan de cualquier cosa y los comunicados importantes terminan perdiéndose. Además, en ocasiones algunos son irrespetuosos.

La voz firme del alfa Lison no dejaba espacio para discutir.

—Entiendo, señor... —respondió Camila un poco cohibida. Aquel tono autoritario había inquietado incluso a su loba.

—¿Qué dije sobre llamarme "señor"? —comentó con una sonrisa.

—Disculpe...

Sin poder evitarlo, una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Camila.

—Llámame por mi nombre. Y si te resulta extraño, puedes decirme por mi apellido. Lison.

—Camila Usuri. Soy una omega... Lison.

Al pronunciar su apellido, Camila no pudo evitar imaginar lo bonito que sonaría llevarlo algún día como parte de su estado civil.

Era una soñadora de pies a cabeza y, en cuestión de segundos, ya había creado toda una historia con un final feliz en su mente.

—¿Ves? Suena mucho mejor que "señor". Además, tu aroma te delata; es muy evidente que eres una omega.

Ambos sonrieron.

—Bueno, eso es todo. ¿Tienes alguna pregunta? Si no es así, puedes retirarte. Debes de estar cansada.

—No, Lison. Con su... contigo... permiso.

La omega corrigió sus propias palabras antes de terminar la frase.

—Adelante.

—Gracias.

Camila regresó con sus compañeros y, sin perder más tiempo, reunió a los coordinadores para comunicarles lo que el alfa Lison le había indicado y crear el grupo de W******p.

—Eduardito, dame tu número de celular.

—Si ya lo sabes.

—Apúrate, me da pereza buscarlo.

—¿Y para qué lo quieres?

—Para... ya no necesito tu número, malo. Mejor ven conmigo. Vamos a reunir a los demás; tengo que comunicarles unas cosas.

Cuando todos estuvieron presentes, Camila habló con voz firme.

—Ya estamos todos.

Esperó unos segundos para asegurarse de tener la atención de todos.

—Sé que están cansados, pero esto es importante. Se creará un grupo de W******p únicamente con los coordinadores. En ese grupo también estará el señor... Lison.

—¿Por qué solo los coordinadores? ¿Y los demás? —preguntó uno de los estudiantes.

—Cada coordinador podrá crear un grupo con su equipo y mantenerlos informados sobre todo lo que se acuerde.

—Es injusto. Tú sí estarás y los demás no.

La insistencia comenzaba a irritar a Camila.

—Lison solo quiere a los coordinadores en ese grupo. Él ya tiene la lista de quiénes son y no desea que nadie más forme parte, a excepción de mí.

—Seguro le haces algunos favores... —comentó con desdén una beta llamada Edith.

Camila frunció ligeramente el ceño.

—Mide tus palabras, Edith. Yo estaré en ese grupo porque la encargada de la universidad me designó como coordinadora general de los tres equipos. Si tienes alguna queja, preséntala directamente con ella.

Edith apretó los labios, claramente molesta, pero decidió guardar silencio.

—Ya envié el enlace al grupo del aula. Solo deben ingresar los coordinadores. No quiero que después se molesten si elimino a quienes no correspondan. Eso es todo. Mañana, a primera hora, necesito que me envíen el reporte de hoy. El formato que deben llenar ya está en el grupo.

Sin añadir nada más, Camila comenzó a retirarse.

Sin embargo, recordó algo importante y regresó sobre sus pasos.

—Una cosa más. Mañana tienen como máximo hasta las siete de la mañana para enviar sus reportes. No recibiré ninguno después de esa hora. Mientras estemos aquí, ese será el horario de entrega todos los días.

Miró alrededor antes de concluir.

—¿Alguna pregunta?... Si no, eso sería todo. Descansen. Nos vemos mañana.

Mientras caminaba hacia su tienda de campaña, Eduardo no dejó de seguirla.

—Muchas omegas... y hasta algunas betas... querían comerse con la mirada a tu príncipe azul. ¿Ya conseguiste el número de tu futuro esposo? —se burló.

—¿Qué dices? ¿Cuál príncipe? —respondió Camila completamente sonrojada.

Eduardo soltó una carcajada y continuó molestándola durante todo el camino.

En ese momento, el celular de Camila vibró.

Había recibido un mensaje.

Lison: «Descansa».

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