Las horas siguientes fueron un torbellino de preparación. Marcus mandó llamar a un antiguo sirviente de la familia, alguien de absoluta confianza, para que se escondiera en una habitación contigua al despacho y pudiera dar testimonio de todo. Prepararon la habitación: revisaron paredes, puertas, rincones, asegurándose de que nadie más pudiera escuchar o descubrir el plan.
Isabel se ocupó de enviar una invitación formal a Edward, haciéndola pasar como un gesto de buena voluntad para resolver los