En la entrada del hotel, Alessandra se movía de un lado a otro como un tigre encerrado en una jaula. Bajé del taxi luego de pagar y corrí hacia ella a toda prisa.
-¡Oye tuve que decir que te llamaron del hospital! ¿Quieres que nos corten la cabeza? Es la última vez que haces algo así ¿de acuerdo?- A pesar de que siempre tomaba muy en serio sus regaños, intenté no sonreír al verla tan nerviosa y exaltada, caminando inconscientemente como el señor Cristiano. En pocos minutos el viento fresco de l