No quería tomarle mucha importancia pero los pasos presurosos de aquel señor me ponían nerviosa. Lo seguimos en silencio entre los angostos pasillos del bajo mundo hasta un amplio comedor que empezaba a llenarse rápidamente por el personal. Unos minutos después las numerosas mesas del comedor estaban ocupadas por completo y nosotras nos encontrábamos al frente junto a aquel hombre con cara de pocos amigos.
-¡A callar!- su grito resonó por todo el lugar,haciendo enmudecer a todos los presentes q