-Ya llegué- anuncié al cerrar la puerta al tiempo que dejaba mis botas junto a los tacones negros de Alessandra.
-Oye, ¿te quedaste un rato más en el gimnasio?- ella salió de la cocina masajeando sus mejillas, creando círculos con la crema que esparcían sus manos- No me trajiste Tiramisú- se quejó mirándome con reproche.
-Lo olvidé- su mano se arrastró por mi rostro, dejándome media cara llena de crema a modo de venganza. Reí por lo bajo mientras esparcía la crema uniformemente.
-¿como te fué e