Me retorcí entre las sabanas tibias. Una sonrisa se dibujó en mi rostro. Había pasado tiempo desde que había dormido tan cómodamente, entonces me levanté de un salto. No reconocía la habitación. Apenas unos rayos de sol lograban entrar a través de las pesadas cortinas. Bajé con cuidado de la cama para apartarlas pero retrocedí con brusquedad al oír un quejido provenir del suelo.
-Aún en las mañanas eres un desastre andante...- mi estómago se retorció ante aquella voz ronca pero al instante la r