Un juego peligroso (2da. Parte)
Al día siguiente
Londres
Ronald
Siempre supe que, si quería resultados reales, contundentes, debía arrancarme los escrúpulos como si fueran una piel vieja. En este juego no hay lugar para la conciencia, ni para la moral. ¿Piedad? Es para los mediocres. ¿Empatía? Para los que pierden. Yo nací para ganar, y si eso implicaba manipular, traicionar, mentir o empujar a alguien por las escaleras... que así fuera. Porque este mundo no se mueve con bondad. Se mueve con poder. Con control.