Tome unos jeans holgados del closet y un suéter cómodo. Me vestí rápido para no hacerlo esperar demasiado y bajé al comedor unos minutos más tarde para desayunar.
Él ya se encontraba en su asiento como de costumbre, con el periódico en mano y una taza de café sobre la mesa.
Bajó apenas el periódico para observarme cuando moví la silla para tomar asiento.
—Buen día —dije con voz baja y avergonzada.
—Buen día Helena.—respondió y volvió a poner su atención en lo que estaba leyendo.
Laura se