Me sumergí en el agua buscando silenciar la voz en mi cabeza que exigía respuestas que no tenía.
Fue imposible, debajo del agua las preguntas parecían sonar aún más fuerte.
—No puedo peguntarle. Ay no que vergüenza —dialogaba conmigo misma.
Salí de la bañera envolviéndome en la toalla, escurrí un poco el agua de mi cabello y lo seque apenas con otra toalla.
Abrí la puerta y salí del baño aferrada al nudo de la toalla sobre mi pecho. Él no estaba, se había ido y sentí alivio.
Me vestí