El bosque boreal no perdonaba a los débiles, pero esa noche, la luna llena derramaba una luz plateada que convertía la nieve en polvo de diamantes. En un claro alejado del bullicio de la manada, Thorsten esperaba. No llevaba su habitual traje de tres piezas ni la corbata que solía usar como armadura intelectual. Vestía unos vaqueros oscuros gastados y una camiseta negra de algodón que se adhería a un torso que, aunque carecía de la masa montañosa de Bjorn, era pura fibra y acero tensado.
Stella