La habitación más segura de la mansión Berg ya no era el arsenal subterráneo, ni el búnker refrigerado donde Elena guardaba los servidores de la manada. Ahora, el corazón de la fortaleza era la "Guardería de Cristal".
El zumbido constante de los generadores llenaba el aire, mezclado con el pitido rítmico de los monitores cardíacos. Elena, todavía pálida y con ojeras violáceas bajo los ojos, ajustó la manta sobre sus piernas mientras maniobraba su silla de ruedas unos centímetros más cerca. Sus