El hombre continuó detrás de ellos, sin apresurarse. En un momento dado, se detuvo frente a una vitrina, fingiendo observar la exhibición de relojes. Pero apenas ellos reanudaron la marcha, él hizo lo mismo.
Mike entrecerró los ojos.
—Definitivamente no es casualidad.
—No aquí en Grayhaven —añadió Allyson, manteniendo su tono ligero como si hablara de cualquier banalidad—. Nadie sigue a dos desconocidos en un pueblo como este, a menos que tenga un motivo.
La tensión era palpable, pero ninguno