La noche en Grayhaven se había cerrado sobre las calles estrechas y silenciosas, dejando que el viento marino empapara de humedad los ventanales de la posada donde se alojaba Allyson Drake. Había encendido una lámpara de mesa, la luz tenue derramándose sobre la carpeta de apuntes y el pequeño teléfono satelital que mantenía a su lado como si fuera un salvavidas.
Respiró hondo antes de marcar la línea segura del FBI. Un par de segundos de estática y luego la voz conocida del otro agente supervis