La niebla seguía cubriendo Grayhaven como un manto espeso, denso y frío, de esos que parecían tragarse los sonidos y distorsionar las distancias. Allyson decidió salir a caminar para despejar la mente. Había pasado la mañana revisando sus notas en la habitación del hostal —una estancia pequeña, paredes color crema, cama individual y una lámpara de luz cálida que apenas alcanzaba a iluminar un rincón—. El aire del cuarto se sentía pesado, como si las paredes guardaran ecos de conversaciones anti