Lysandra empujó al atacante con cada gramo de fuerza que le quedaba, sintiendo los músculos de sus brazos tensarse y el bastón vibrar con el impacto. El hombre tropezó hacia atrás, chocando contra un árbol antes de caer al suelo con un gruñido de frustración. No se dio tiempo para confirmar que estaba fuera de combate; cada segundo perdido podía ser un segundo ganado por sus perseguidores. Giró bruscamente hacia donde Asteria había estado y la vio, apenas visible en la penumbra, corriendo hacia