—Tenemos buenas noticias —anunció el doctor, y aunque su voz era serena, cada palabra pesaba como una losa sobre el corazón de Darina y Hermes—. Es un tumor benigno.
Un suspiro ahogado escapó de Darina.
Hermes cerró los ojos, apretando la mano de su mujer, sintiendo que un peso monstruoso les abandonaba… pero no del todo.
El doctor continuó:
—Sin embargo, debemos operar lo antes posible. No podemos arriesgarnos a que el tumor crezca o afecte zonas sensibles.
Darina sintió que el piso se le movía