El sonido de la ambulancia cortó la quietud de la noche
El rugido distante de la sirena se mezclaba con el eco de la desesperación.
En la penumbra, Hermes veía a Rosa, tan débil, recostada en la camilla, cada latido de su corazón parecía retumbar como un martillo en su pecho.
Mientras el chofer maniobraba cuidadosamente el automóvil hacia el hospital, Darina, sentada en el asiento trasero, apenas podía reunir sus pensamientos.
Su mente giraba en torno a la imagen imborrable de Rosa: la jovencita