Al día siguiente
Alondra observaba a Verónica con los ojos encendidos por la desesperación.
Estaban sentadas en una cafetería discreta, donde la gente entraba y salía sin fijarse en ellas.
Sin embargo, la atmósfera entre las dos mujeres era densa, cargada de secretos y desconfianza.
Verónica, la fiel nana de Rosa, había estado al servicio de los Hang durante años.
Su lealtad a la familia era inquebrantable, pero ahora, frente a ella, Alondra la estaba empujando hacia un terreno peligroso.
—Señor