Los siguientes meses fueron un verdadero infierno para Darina.
Criar a tres bebés sola no era solo difícil: era una batalla constante con el cansancio, el miedo y la desesperación.
Las mañanas llegaban antes de que el sol pudiera tocar el horizonte, y las noches se alargaban hasta que el agotamiento la empujaba a un sueño sin descanso.
La casa de madera en la que vivían estaba siempre fría, sus paredes delgadas no impedían que el viento del invierno cortara su piel, y el pequeño espacio en el qu