Cuando el oficial se marchó de la mansión, dejando a Hermes solo con sus pensamientos, el ambiente en el despacho se volvió más denso, más pesado, como si la misma habitación estuviera absorbiendo el peso de los secretos no revelados. Hermes se quedó inmóvil, observando cómo la figura del oficial se desvanecía en la distancia, como si se llevara consigo la última chispa de esperanza que quedaba en su alma.
El reloj en la pared marcaba el paso de los minutos, pero para él el tiempo parecía habers