El día de la boda
El día amaneció con una luz suave, casi tímida, como si incluso el sol supiera que algo sagrado estaba por ocurrir.
En una de las habitaciones de la casa, Darina permanecía sentada frente al espejo, mientras unas manos expertas le arreglaban el cabello y le colocaban el velo con delicadeza.
El vestido blanco, sencillo, pero elegante, se ceñía a su figura como si hubiera sido hecho para ella desde antes de nacer.
Cuando el último broche fue puesto, y la maquilladora dio un paso