Cuando Alfonso abrió los ojos esa mañana, el sol se filtraba suavemente a través de las cortinas, tiñendo la habitación con un tono cálido y dorado.
Durante unos segundos, no supo exactamente dónde estaba. Pero luego, la sintió.
Anahí estaba en sus brazos, dormida, envuelta en el calor de su cuerpo, con una expresión serena que pocas veces le había visto. Se quedó quieto, observándola como si temiera que despertarla rompiera la magia del momento.
Una sonrisa genuina se dibujó en sus labios.
Tal