Alfredo se apartó bruscamente de la mujer, como si el contacto con ella le hubiera quemado la piel.
Sus ojos, antes templados por la cortesía, ahora eran fuego puro.
—¡No vuelvas a besarme! —rugió con una furia que retumbó en las paredes.
Desde la entrada, Rossyn lo escuchó. Se quedó inmóvil por un segundo, con el corazón golpeándole el pecho.
Un tenue alivio le recorrió el alma.
Las flores que traía en sus manos cayeron al suelo, una a una, como si cada pétalo fuera testigo del dolor que aún no