Al día siguiente.
Cuando Hermes despertó, la sensación de lo sucedido la noche anterior todavía lo envolvía, un torbellino de deseo y culpa.
Por un momento, pensó que todo había sido un sueño, una fantasía más placentera de su mente atormentada, pero no.
Darina estaba ahí, dormida a su lado, su cuerpo cubierto por las sábanas, su respiración tranquila.
La miró con una mezcla de adoración y preocupación.
Era hermosa, perfecta en su vulnerabilidad, y en su corazón, ella se había convertido en una