Alfonso sintió un escalofrío recorriéndole la espalda, una sensación helada de presentimiento. El aire pareció vaciarse de sus pulmones.
—¿Cómo que en peligro? —murmuró, como si le costara aceptar esas palabras—. ¿Qué pretende ese infeliz?
—No lo sé con certeza —dijo Hermes, apremiante—, pero no podemos dejarla sola con él. Bruno ya no es solo un farsante, Alfonso… es un traidor. Y alguien como él, cuando se ve acorralado, es capaz de todo.
Alfonso sintió que las piernas le temblaban.
Durante ta