Orla entró en la habitación del hospital con pasos cautelosos, como si temiera que cualquier ruido brusco pudiera romper la frágil paz que reinaba allí.
Su corazón latía con fuerza y, al mirar a su madre tendida en la cama, sintió cómo una oleada de emociones la atravesaba de golpe.
Oriana Dalton estaba consciente, con los ojos abiertos, y cuando vio a su hija, levantó una mano temblorosa, casi implorando que la tomara.
Orla se acercó despacio, conteniendo la respiración, y tomó la mano de su ma