Orla estaba en la fundación desde temprano, recibiendo a nuevas mujeres que necesitaban ayuda.
Algunas llegaban con historias desgarradoras, otras con miedo, muchas con esperanza.
Todas encontrarían un refugio temporal allí, un lugar donde podían dormir seguras y sentirse escuchadas, al menos por unas horas.
Orla recorría el lugar con su presencia tranquila, pero firme, guiando a cada una, entregando palabras de aliento y una sonrisa que podía significar más de lo que imaginaban.
Sienna también