—Te trasladarán a otro hospital psiquiátrico, pero escucha bien —la voz de Gustavo sonaba baja, casi un murmullo cargado de veneno—, cuando lo hagan… acaba con Sienna.
El silencio en la sala fue sepulcral.
Las palabras quedaron flotando, como cuchillas invisibles.
Tessa lo miró con los ojos muy abiertos, y al instante una sonrisa torcida se dibujó en sus labios. Su respiración se volvió agitada, sus manos temblaron de emoción.
Había algo perturbador en aquella sonrisa, un brillo de locura que so