25. Entre risas y miradas incómodas
Elara parpadea, expectante. El aire a su alrededor parece haberse vuelto más denso, más frío, como si el pasillo hubiese sido envuelto en una neblina invisible. Sus ojos se entrecierran mientras recorre con la mirada los ventanales cubiertos con pesadas cortinas de terciopelo. La luz de las antorchas del exterior atraviesa el tejido con dificultad, proyectando sombras largas y vibrantes sobre las paredes.
Da un paso hacia atrás, con ganas de regresar.
Siente una presión inexplicable en el pec