13. El primer recuerdo: La confesión de Matías
Elara recuerda. No como quien repasa un sueño, sino como quien atraviesa un umbral.
La escena le llega nítida, cargada de un perfume que no pertenece al presente: jazmines nocturnos y hierba húmeda, mezclados con la vibración grave del mundo antiguo. El campo está cubierto de flores blancas, pero el cielo ha cambiado su curso, tiñendo los pétalos de un rosa etéreo. Una luna de sangre se alza, redonda y cruel, iluminando el mundo con una claridad encantada.
Frente a ella —o más bien, frente a El