El teléfono no deja de vibrar sobre mi mesa de noche. Cada notificación es un latigazo, una tentación que me obligo a ignorar.
Jesús (1:47 a.m.): Déjame explicarte. Déjame verte.
Jesús (2:23 a.m.): No fue un error. No puede serlo cuando te deseo así.
Jesús (3:12 a.m.): Camila. Por favor.
Apago la pantalla y entierro el rostro en la almohada. Si lo dejo venir, si lo tengo cerca, sé que no podré resistirme. Mis labios ya traicionan mi razón cada vez que pienso en él.
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