El aire en la oficina está cargado de murmullos cuando llego. Los pasillos, normalmente llenos de conversaciones triviales y risas forzadas, hoy vibran con un rumor que parece crecer cada vez que alguien baja la voz al verme pasar.
Alberto ya no está en su escritorio. Su espacio, siempre impecable, ahora está vacío, como si nunca hubiera existido.
—¿Qué pasó?— pregunto a Andrea, quien evita mirarme directamente.
—Lo despidieron— susurra, lanzando una mirada nerviosa hacia la oficina de Je