Griselda deja la prueba sobre la mesa, con el rostro serio y lleno de una compasión que no me sirve de nada, para luego retirarse de mi oficina en silencio. Me quedo sentada en mi sillón, paralizada, sin poder salir de mi estado de shock y preocupación extrema. Las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos, calientes y traicioneras, por esta noticia que acaba de reconfigurar mi existencia. Tenía tantos planes, tantas metas trazadas, un camino profesional meticulosamente diseñado, y ahora… ahora t