—Toma este y este otro también… —Estefanía me empuja hacia el vestidor con una montaña de telas blancas, encajes y pedrería—. Son los últimos, te lo prometo.
—Estefanía, ya no quiero probarme más vestidos, estoy agotada —protesto, aunque sé que mi resistencia es inútil frente a su energía arrolladora.
—Ay, vamos, cuñada, solo un par más y habremos terminado. No podemos dejar pasar esta oportunidad.
—Vamos, mi reina, no seas tan reacia. Verás que alguno de estos te fascinará tanto que no querrás