Por su expresión radiante y la de mi madre, mis nervios se alteran de inmediato, tensando cada músculo de mi cuerpo. Me niego rotundamente a creer en lo que estoy pensando, pero la desbordante alegría que destilan sus rostros me indica que, en efecto, se trata de aquello que tanto me altera y me desestabiliza.
—¿Qué es esa gran noticia, papá? —inquiero, visiblemente nerviosa.
—Edmon y Miranda regresarán de Canadá el fin de semana.
—¡¿Qué?! —grito, dando un paso atrás, completamente sobresaltada