79. El cobarde
Lyra
El bosque nos engulle.
A medida que nos internamos entre los árboles, mi respiración se estabiliza un poco. Saber que Ismael va por él es como una cuerda a la que puedo aferrarme.
Ahora solo me queda esperar.
Esperar y confiar en que no llegue demasiado tarde.
—¿Hacia dónde vamos? —pregunto entre jadeos.
—Hay una guarida segura a unos minutos de aquí —responde Mateo—. Tenemos varias dispersas por el bosque.
—¿No van a buscarnos allí?
—Esperemos que no —murmura—. Pero no podemos quedarnos a