80. No quedará nada

Alaric

El suelo está frío.

No sé cuánto tiempo llevo aquí, pero el frío ya no es una sensación externa: me habita. Se me mete en los huesos, en la médula, en la sangre contaminada que apenas circula. Estoy boca abajo sobre la piedra húmeda del calabozo, respirando con dificultad, cada inhalación rasgándome la garganta como si estuviera aspirando ceniza.

Veneno.

Lo recuerdo.

La reunión. Los malditos ancianos reunidos sin permiso, ellos enfrentándome y la maldita jeringa en mi garganta con el ven
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