Capítulo 10.
—De prisa, por aquí.
Jason no me dio tiempo de responder. Me tomó de la muñeca y me arrastró por los pasillos con una seguridad que no le conocía. Ya no era el chico impulsivo que siempre improvisaba; se movía como alguien que sabía hacia dónde iba. Vomo si hubiera crecido dentro de este laberinto enorme, frío y siniestro.
Siniestro porque, de noche, no encendían fuego en las antorchas clavadas en las paredes que pasábamos. Nuestra unica iluminación eran las estrellas que se colaban por algu