Capítulo 32.
Miré hacia mis pies. No hacer absolutamente nada sonaba tan atractivo... pero yo no era así. Incluso como futura pareja de Cornelius quise ganarme mi lugar en ese castillo encargándome de parte del papeleo de él, revisando informes, escuchando peticiones menores, ayudando en lo que podía con los pequeños problemas del reino. No porque alguien me lo exigiera, sino porque necesitaba sentir que mi presencia tenía un propósito. Que no era solo un adorno más, una figura bonita colocada estratégicame