Capítulo 31.
—Vaya —dijo—. Es cierto que no tienes ni el mínimo instinto de supervivencia. Hice ruido al entrar.
Parpadeé. La puerta estaba cerrada.
—No me di cuenta —murmuré.
—Eso es preocupante —añadió ella con una sonrisa ladeada—. Para ti.
Kryos chasqueó la lengua.
—Vete.
—¿Y perderme esto? No, gracias —respondió con ligereza. Mis ojos se abrieron con horror al ver que le hablaba de esa forma—. Además, alguien tenía que asegurarse de que no la decapitaras por capricho. Es una hembra que puede lle