Capítulo 22.
Regresamos a la habitación y lo primero que vi fue el vestido extendido sobre la cama.
Me detuve en seco.
Por un segundo pensé que tal vez era una ilusión, o que alguien se había equivocado de puerta. Miré a Elian como si él pudiera confirmarme que aquello no era para mí.
Él se encogió de hombros.
—Estaré afuera mientras te cambias —dijo, como si fuera lo más normal del mundo.
Suspiré con alivio en cuanto lo vi girarse y cerrar la puerta.
El vestido negro que me habían dado al llegar era bonito, sí… pero estaba lejos de ser cómodo. Y, sobre todo, estaba lejos de ser mío. Necesitaba con urgencia algo que me quedara bien. O al menos algo limpio.
Me acerqué a la cama.
El vestido era azul rey. No un azul cualquiera, sino uno profundo, elegante, de esos que parecen beberse la luz en lugar de reflejarla. La tela era suave, fina, con una caída perfecta. Sencillo, sin excesos, sin bordados innecesarios. Largo. Demasiado hermoso para alguien como yo.
Lo tomé entre mis dedos con cuidado.
Cuando