Capítulo 18.
—Quiere decir exactamente eso, loba.
Sentí un nudo en el estómago al escucharlo; era como si estuviera hablando del clima.
—Lo que me recuerda que necesitas un nombre…
Tragué saliva.
—¿Usted… quiere emparejarse conmigo? —pregunté, sin poder evitar que la incredulidad se filtrara en mi voz.
Él alzó una ceja, pensativo, como si la idea acabara de ocurrírsele en ese mismo instante.
—Ah, esa es una buena idea, loba. Acepto, haré los preparativos.
—¡No me estaba proponiendo!
Me ignoró.
—Ahora, con respecto a tu nuevo nombre…
El calor me subió al rostro. La confusión, la tensión, el cansancio… todo se mezcló en una frustración punzante.
—Ya tengo uno, su majestad —interrumpí con lentitud, esforzándome por mantener la voz firme.
Negó con la cabeza.
—Tenías un nombre. Lo perdiste cuando mi espada atravesó tu cuello… o cuando la espada del pequeño rey atravesó tu cráneo. Elige el momento que más te guste de los últimos días para morir, me importa una mierda. Tu realidad es que no puedes usar t