Capítulo 17.
Aún mis ojos estaban en la enorme puerta cuando el rey volvió a sentarse en su silla.
—Morgana —dijo en voz baja.
Y, como si se hubiera manifestado de la nada, Morgana salió de detrás de la silla del rey.
Chillé un poco de la impresión.
¿De dónde salió?
—Llévala a su habitación. Después ve con Gerald. Dile que saque el libro viejo y me lo traiga lo antes posible.
—De acuerdo —respondió ella, mirándome de forma extraña.
Solo entonces me di cuenta de que seguía con los brazos alrededor del cuello del rey.
El rubor comenzó a subir por mis mejillas y lo solté como si estuviera en llamas. Bajé de sus piernas y estaba a punto de disculparme, pero Morgana me tomó de la muñeca y comenzó a guiarme hacia la puerta.
Ni siquiera miré hacia atrás por la vergüenza, y el rey no dijo nada más.
Seguí a Morgana sumisamente por los pasillos. Mi mente regresaba a Cornelius y su expresión de sombrío placer al clavar su espada en aquel cráneo. Una punzada de tristeza y leve indignación me invadió. Y eso er