Capítulo 11.
Corrí.
Corrí tan rápido como mis piernas me lo permitieron, con el corazón golpeándome las costillas y este horrible vestido negro enredándose en mis tobillos como si tuviera vida propia y hubiera decidido traicionarme en el peor momento posible.
Las ramas me azotaban el rostro, el suelo irregular me hacía perder el equilibrio a cada paso y el aire frío me quemaba los pulmones. No escuchaba nada más que mi propia respiración y el sonido desesperado de la tela rasgándose poco a poco.
Llamé a