Capítulo 11.
Corrí.
Corrí tan rápido como mis piernas me lo permitieron, con el corazón golpeándome las costillas y este horrible vestido negro enredándose en mis tobillos como si tuviera vida propia y hubiera decidido traicionarme en el peor momento posible.
Las ramas me azotaban el rostro, el suelo irregular me hacía perder el equilibrio a cada paso y el aire frío me quemaba los pulmones. No escuchaba nada más que mi propia respiración y el sonido desesperado de la tela rasgándose poco a poco.
Llamé a Lena: la llamé y ella no respondió.
Tropecé.
El mundo dio una vuelta torpe y el suelo se levantó para recibirme. Caí de rodillas, y el dolor me atravesó como una descarga. Antes de que pudiera gritar, antes siquiera de que pudiera intentar levantarme…
Una sombra cayó sobre mí.
—Mierda… —alcancé a murmurar.
Cerré los ojos esperando el dolor. Solo que nunca sucedió.
Me levantaron del suelo con una facilidad insultante.
Y me colocaron sobre un hombro.
Como un saco.
El aire se me fue de lo