Pasaron tres días.
Tres días en los que actuó normal, demasiado normal, revisó proveedores, propuso ajustes, besó a Tara antes de salir, durmió abrazándola.
Como si no hubiera firmado nada.
La mañana del cuarto día, llegó a casa más temprano y busco a Tara de inmediato ya que era su día de descanso. La encontró en la terraza, cambiando la posición de unas plantas.
—Necesitamos hablar.
No fue brusco.
Fue claro.
Tara dejó la maceta en el suelo.
No preguntó si pasaba algo.
Ya lo sabía.
Entraron.
L