La oficina estaba en el piso quince.
Demasiado vidrio, hermosa ciudad.
Harvey no solía impresionarse con alturas, pero esa vista tenía algo distinto. No era belleza. Era proyección.
El inversor no hablaba rápido, no necesitaba vender.
—Lo que hiciste con esos lugares es muy sólido —dijo con calma—. Identidad clara, experiencia coherente, clientela fiel.
Harvey asintió.
—Pero es local.
Ahí hizo una pausa.
—Yo no quiero locales quiero invertir en expansión.
Le mostró renders digitales.
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