La luz entraba tímida por las cortinas, pero Mateo ya estaba despierto. Sentado en la mesa pequeña, con una taza de café que se había enfriado sin que él la tocara.
Tara salió de la habitación aún medio adormilada.
—Te levantaste temprano.
Mateo levantó la vista.
—No dormí mucho.
Ella se acercó, sirviéndose café.
—Lo imaginé.
Silencio.
De esos que no incomodan, pero tampoco son ligeros.
Mateo entrelazó las manos.
—Estaba pensando...
Tara lo miró por encima de la taza.
—Eso otra vez.
Una leve so