El sol comenzó a caer lentamente sobre el valle, tiñendo las viñas de tonos cobrizos y dorados. Desde la parte más alta del terreno, el viento corría más fresco, arrastrando el aroma húmedo de la tierra y las hojas.
Mateo caminaba junto a Ernesto por un sendero angosto de piedras irregulares. Más abajo, la casa apenas se veía entre los árboles.
Tara se había quedado ayudando a Rosa en la cocina después de insistir durante diez minutos en que podía hacerlo sola. Ernesto había aprovechado la opor