La casa amaneció en silencio.
No el silencio tranquilo del campo.
Uno distinto.
Más pesado.
Como si las paredes hubieran escuchado demasiado durante la noche y ahora no supieran qué hacer con ello.
Mateo abrió los ojos antes de que sonara la alarma del teléfono. Durante unos segundos permaneció inmóvil, mirando el techo de madera.
La conversación con Tara seguía ahí. Completa. Intacta. Clavada detrás de las costillas.
Giró apenas la cabeza.
El otro lado de la cama estaba vacío.
El estómago se l