La habitación estaba en calma. Tara y Mateo habían pasado a dejar un presente a Cloe.
Cloe descansaba un poco más incorporada ahora, con el pequeño Adrián dormido en sus brazos. La luz de la tarde se colaba suave por la ventana, pintando todo de un tono tibio.
Tara estaba sentada a su lado.
Mateo, de pie, apoyado contra la pared, observando la escena con esa tranquilidad habitual en él.
—Se porta bien —murmuró Tara.
Cloe sonrió.
—Por ahora.
El bebé hizo un pequeño movimiento, como si estuviera